

Ponte cómodo, estás en First Class.
Imaginemos una empresa mediana cualquiera, de esas que nunca aparecen en los titulares, que incorpora herramientas de Inteligencia Artificial y en un año consigue duplicar lo que produce con el mismo equipo. Los márgenes mejoran, el informe trimestral luce impecable y los accionistas celebran una decisión que, vista desde el balance, no admite discusión.
La escena es verosímil y casi nadie la cuestiona. Lo que rara…
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