Cada vez que un préstamo en DeFi se liquida, que una stablecoin verifica su respaldo o que un exchange descentralizado ejecuta una operación, hay un dato que lo hace posible y que la blockchain, por sí sola, no puede conocer: el precio real de las cosas.
Detrás de esa aparente contradicción se esconde una de las piezas más importantes y menos comprendidas del ecosistema, el oráculo, el componente que conecta el mundo cerrado de la blockchain con la información del mundo exterior.
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