Durante años, el entretenimiento digital pareció moverse siempre dentro de las mismas reglas: plataformas centralizadas, pagos tradicionales y una experiencia que, aunque evolucionaba en diseño, no cambiaba en esencia. Todo estaba optimizado, sí, pero dentro de un sistema que ya estaba definido desde el inicio.
Sin embargo, algo empezó a modificarse en silencio. No hubo un punto de quiebre claro, ni una disrupción visible de un día para el otro. Fue más bien una transición progresiva, casi…
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