
Imagine llegar a fin de mes, esperar su salario y descubrir que, en lugar de monedas, le entregan varias cartas de una baraja. No se trata de una broma ni de una invitación a jugar. Es su sueldo, y con aquellas cartas deberá comprar alimentos, pagar deudas y realizar sus transacciones habituales.
Aunque parezca una escena absurda, algo semejante ocurrió en 1685, cuando las autoridades de Nueva Francia, en el territorio del actual Canadá, encontraron una…
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