

El entretenimiento moderno ha consolidado una de las mayores ilusiones del capitalismo digital: la falsa sensación de propiedad. Durante las últimas dos décadas, los usuarios del ecosistema de los videojuegos han migrado masivamente desde los formatos físicos -aquellos discos y cartuchos que descansaban en las estanterías de casa- hacia bibliotecas estrictamente digitales.
Hoy en día, millones de jugadores acumulan perfiles con miles de horas invertidas,…
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